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CSO Day 2026 | Mesa de Debate 2 - Construir alianzas que permitan responder colectivamente a riesgos cada vez más sistémicos
Marzo 16, 2026

Moderada por la Dra. Federica Massa-Saluzzo, CSO y profesora en EADA Business School, la segunda mesa del CSO Day 2026 abordó un desafío cada vez más evidente para las organizaciones: la creciente aparición de riesgos sistémicos —climáticos, ambientales, regulatorios o económicos— que ninguna empresa debería afrontar de forma aislada. Y es que, según Massa, un riesgo sistémico es aquel que no afecta solo a una empresa o sector, sino que tiene consecuencias para toda la economía y las cadenas de suministro globales.


Para debatir sobre cómo responder a estos desafíos desde la colaboración empresarial, el encuentro reunió a Laura Quintana, directora de sostenibilidad en Redeia, y a Josep Maria Ribas, Climate Change Manager en Familia Torres. Ambos compartieron experiencias concretas sobre cómo las alianzas entre empresas, instituciones y otros actores se han convertido en herramientas fundamentales para avanzar en la agenda de sostenibilidad.

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La conversación partió de una constatación ampliamente compartida en el ámbito empresarial: los riesgos asociados al cambio climático, a la transición energética y a la degradación de los ecosistemas ya no afectan únicamente a sectores específicos, sino q

Ante esta realidad, las alianzas entre las organizaciones permiten movilizar unos recursos, un conocimiento y una capacidad de acción que, de otro modo, quedarían fragmentados.


Desde la perspectiva del sector energético, Laura Quintana explicó que Redeia incorporó esta lógica colaborativa al desarrollar su estrategia de impacto positivo sobre el territorio en 2022. En ese proceso, la compañía identificó que muchos de los objetivos planteados —especialmente, los relacionados con la protección del medio marino y la biodiversidad— requerían sumar capacidades externas y establecer acuerdos con administraciones, entidades científicas y otras organizaciones.
Un ejemplo de ello es el proyecto de restauración de posidonia en el Mediterráneo, impulsado como medida compensatoria en el desarrollo de infraestructuras submarinas. Según explicó Quintana, la iniciativa surgió tras un proceso de diálogo con las autoridades y ha derivado en colaboraciones con otras organizaciones especializadas en la conservación de ecosistemas marinos. 


A su juicio, este tipo de iniciativas generan impacto ambiental positivo y también aportan valor estratégico a la compañía. En el caso de Redeia, el conocimiento adquirido en proyectos de restauración y conservación marina resulta especialmente relevante en un contexto en el que aproximadamente la mitad de las inversiones futuras se concentrarán en cables submarinos.


Además, estas alianzas contribuyen a reforzar la reputación corporativa y facilitan la planificación de nuevas infraestructuras, al generar confianza entre los distintos actores implicados.


Por su parte, Josep Maria Ribas compartió la experiencia de Familia Torres en la creación de alianzas internacionales en el negocio vitivinícola para afrontar el cambio climático. En un sector especialmente vulnerable a las alteraciones climáticas —al que afectan desde la pérdida de cosechas, hasta los cambios en los ciclos agrícolas—, la colaboración entre bodegas de todo el mundo, unidas en un propósito común en torno a la sostenibilidad, se ha convertido en un instrumento clave para impulsar la descarbonización y compartir un conocimiento de sus propias circunstancias.


Ribas explicó que el origen de esta iniciativa se remonta a la toma de conciencia generada hace dos décadas por el impacto del cambio climático en la actividad vitivinícola, nacida para muchos con la impactante visualización del documental del exvicepresidente de los Estados Unidos Al Gore, Una verdad incómoda (2006). En 2018, esta preocupación se materializó en la creación de un club internacional de bodegas comprometidas con la sostenibilidad, que actualmente agrupa a medio centenar de empresas de distintos países, pero que comenzó solo con un par de ellas y creció de manera orgánica hasta generar beneficios para todos los miembros.

El funcionamiento de esta red se basa en un principio fundamental: mantener un nivel mínimo de ambición climática compartida entre todos sus miembros.

Para formar parte de la iniciativa, las bodegas deben someterse a un proceso de evaluación que analiza su compromiso real con la reducción de emisiones y otras medidas de sostenibilidad.


Esta exigencia, señaló Ribas, actúa como un mecanismo de selección que permite garantizar la credibilidad del proyecto y evitar, de paso, prácticas de greenwashing. Al mismo tiempo, fomenta el intercambio de experiencias y la generación de soluciones comunes para un sector caracterizado por su fuerte fragmentación, con miles de bodegas operativas a nivel global.


El debate también abordó cómo deben diseñarse y gobernarse estas alianzas para que resulten efectivas a largo plazo. En este sentido, Ribas destacó la importancia de establecer mecanismos de gobernanza claros, aunque flexibles, que permitan coordinar el trabajo entre organizaciones con culturas y prioridades diferentes.


En las primeras fases del proyecto de bodegas sostenibles, explicó, la gobernanza se estructuró de forma ligera y con una fuerte orientación práctica. Con el tiempo, sin embargo, fue necesario formalizar algunos aspectos organizativos, como la creación de una junta de gobierno, o la incorporación de figuras externas que facilitaran la coordinación entre los miembros. Al crecer una alianza privada, hay que separar la gobernanza para evitar conflictos de interés y generar confianza.


Por su parte, Quintana subrayó que no existe un único modelo de colaboración válido para todas las situaciones. En algunos casos, las empresas pueden integrarse en iniciativas ya existentes, mientras que en otros es necesario impulsar nuevos proyectos desde cero. En cualquier caso, defendió la importancia de combinar diferentes tipos de alianzas y de mantener un seguimiento riguroso de los objetivos planteados.


Otro elemento clave para el éxito de estas colaboraciones es la definición clara de los objetivos compartidos. En proyectos relacionados con la conservación marina, por ejemplo, Redeia ha impulsado seminarios y encuentros que reúnen a científicos, empresas, administraciones y organizaciones sociales del mar con el objetivo de generar un conocimiento común y facilitar la cooperación entre los distintos actores, sin intervenir directamente en algunos casos. Estas iniciativas han permitido crear espacios de diálogo y de intercambio de información que, según Quintana, contribuyen a articular una red cada vez más amplia de organizaciones comprometidas con la protección del medio marino.


En el caso del sector vitivinícola, Ribas destacó también el valor reputacional que aportan este tipo de alianzas. Además de reforzar la credibilidad de las empresas participantes, permiten generar visibilidad mediática y establecer relaciones más estrechas con grandes distribuidores y clientes internacionales, que cada vez incorporan requisitos más exigentes en materia de sostenibilidad.


Sin embargo, ambos ponentes coincidieron en que el principal valor de estas colaboraciones no reside únicamente en los beneficios reputacionales o comerciales, sino en su capacidad para propiciar soluciones que hagan frente a los incipientes desafíos globales.


De este modo, en un contexto en el que los riesgos asociados al cambio climático o a la degradación de los ecosistemas afectan simultáneamente a múltiples sectores, las alianzas empresariales emergen como uno de los instrumentos más eficaces para movilizar el conocimiento, los recursos y la capacidad de innovación.


La mesa concluyó con una idea compartida: frente a problemas cada vez más complejos y sistémicos, la sostenibilidad empresarial exige abandonar la lógica de la competencia aislada y avanzar hacia unos modelos de cooperación capaces de generar un impacto colectivo.