Al subir a la sexta planta, el tono del EADA Annual Meeting 2026 cambiaba de forma evidente. Si en los niveles anteriores la conversación se había construido desde la empresa y el ecosistema, aquí el foco se desplazaba hacia las historias personales. En el Aula 22, un podcast grabado en directo reunía a dos emprendedores –Alex Torras (CEO y cofundador de Unifit) y Arturo Gil (cofundador de Studentfy y Campus W)–, moderados por el periodista Umberto Salerno, para poner voz a una generación que está construyendo sus proyectos en un contexto marcado por la incertidumbre, pero también por la oportunidad, que busca transformar la experiencia universitaria mediante tecnología y creatividad.
La conversación arrancaba desmontando uno de los grandes mitos del emprendimiento: la idea de libertad: la que se tiene… o la que se cree que se tiene, porque “la vida de emprendimiento es una montaña rusa”. Una imagen que se repetiría a lo largo del podcast y que resume bien la tensión constante entre la expectativa previa y la experiencia real.
Ese contraste conecta con una idea más profunda que atravesó toda la sesión: más allá de suponer una decisión profesional, emprender es una forma de estar en el mundo, “una actitud” vinculada a la inquietud, a la capacidad de detectar problemas y a la necesidad casi inevitable de intentar resolverlos. No es tanto una elección como una consecuencia.
A medida que avanzaba la conversación, el relato se alejaba de cualquier épica superficial para situarse en la práctica real del día a día. Iterar, equivocarse, volver a empezar… una serie de procesos que rara vez son lineales. En ese recorrido, el error no aparece como excepción, sino como parte estructural del proceso, pues propicia la mejora, algo que los contertulios reconocieron con frecuencia y con una naturalidad que desmontó cualquier visión idealizada.
El paso de una pregunta a otra iba construyendo un retrato bastante preciso de lo que implica emprender hoy. La exigencia reside en el proyecto y en la propia persona. Adaptarse, reinventarse y aprender constantemente son las máximas para evolucionar, sobre todo cuando llegan proyectos más técnicos que obligan a incorporar habilidades que no formaban parte del perfil inicial.
En ese escenario, la inteligencia artificial emergía como uno de los grandes aceleradores. No tanto como amenaza, sino como multiplicador de capacidades. Gracias a ella, es más fácil actualmente crear productos mínimos viables o iterar con rapidez. Al mismo tiempo, surge una advertencia: el ritmo del cambio deja poco margen para quedarse atrás, puesto que quien se desenganche de la evolución de la IA se queda irremisiblemente atrás.
La inteligencia artificial aparece, así, como un factor de tensión y oportunidad a partes iguales: acelera procesos, amplía capacidades y obliga a una adaptación constante. Es cierto que la IA puede eliminar hasta el 50 % de ciertos trabajos si no se reinventa la fuerza laboral, pero la clave está en aprovechar la formación y las nuevas herramientas para innovar. A su juicio, la inteligencia artificial (IA) será una herramienta clave para mejorar la eficiencia y las interacciones en las instituciones educativas y las empresas, al permitir dedicar más tiempo a las tareas importantes y resolver rápidamente las consultas repetitivas.
El recorrido del podcast conectaba así con una de las ideas que ya habían aparecido en plantas anteriores: la necesidad de adaptarse de forma constante. Pero aquí se hacía desde una perspectiva más directa, casi generacional. La oportunidad es enorme, pero también lo es el riesgo de quedarse atrás sin reinventarse.
A pesar de ello, el éxito emprendedor se alejaba de las métricas puramente económicas para entrar en las personales, al poner antes el foco en el impacto y en la motivación diaria que en el resultado financiero. Porque emprender no es, en la mayoría de los casos, el camino más rentable. En ese sentido, la constancia, el foco y la pasión son esenciales para afrontar el proceso emprendedor. Según sus experiencias, el foco es clave. Encontrar un área, profundizar en ella y evitar romantizar el emprendimiento: todo él es un proceso exigente, que requiere constancia y compromiso.
En ese sentido, la charla del podcast de la planta 6 aportaba una capa distinta al conjunto del evento. Frente a las lógicas de las empresas o de los ecosistemas, aquí el foco se situó en las personas: en cómo toman las decisiones, cómo gestionan los errores y cómo construyen algo en un entorno donde todo cambia rápidamente. Porque, más allá de las herramientas o del contexto, lo que define el emprendimiento sigue siendo la actitud. Y esa cualidad, profundamente personal, sigue sin poder automatizarse.