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Confianza en tiempos de insularidad: por qué la formación directiva es parte de la solución
Febrero 6, 2026

El Edelman Trust Barometer 2026 confirma una tendencia preocupante: la confianza global no solo se debilita, sino que se fragmenta. La incertidumbre económica, la polarización social y la disrupción tecnológica están empujando a las personas a replegarse hacia entornos conocidos, redefiniendo en quién confían y qué esperan de las instituciones.

Para las empresas, los líderes y las escuelas de negocios, este cambio tiene implicaciones profundas.

Un mundo más cerrado… y más ansioso

Según el informe, 7 de cada 10 personas en el mundo muestran una “mentalidad de confianza insular”, es decir, dificultad para confiar en quienes piensan, viven o interpretan la realidad de forma distinta. Este fenómeno atraviesa edades, niveles de renta e ideologías, lo que indica que no se trata de una actitud marginal, sino estructural.

Este repliegue está impulsado por el miedo. Las preocupaciones por la pérdida de empleo, los conflictos geopolíticos, la desinformación y el impacto de la inteligencia artificial han alcanzado niveles récord. Solo el 32 % de los encuestados cree que la próxima generación vivirá mejor, un dato que refleja un creciente pesimismo sobre el futuro.

Cuando aumenta la inseguridad, la confianza se reduce… y se vuelve local.

Del “nosotros” institucional al “yo” cercano

Uno de los hallazgos más claros del Barómetro es el traslado de la confianza desde las instituciones hacia el entorno inmediato. Familia, amigos, compañeros de trabajo y empleadores concentran hoy niveles de confianza significativamente más altos que gobiernos o medios de comunicación.

A escala global, “mi empleador” es la institución más confiable, seguida de las empresas. Esto convierte al lugar de trabajo en uno de los últimos espacios donde la confianza sigue operando de forma activa. Para las organizaciones, esta realidad supone una gran responsabilidad: el liderazgo empresarial ya no es solo económico, sino también social.

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La brecha de confianza es también una brecha de habilidades

El informe muestra que la confianza está profundamente marcada por la desigualdad. La brecha entre personas con rentas altas y bajas se ha más que duplicado desde 2012. Los grupos con menores ingresos sienten con mayor intensidad que el sistema está diseñado en su contra.

Esta fractura se acentúa con la tecnología. La mayoría de las personas con menos recursos teme quedarse atrás frente a la inteligencia artificial, mientras que los grupos con mayor renta se muestran más optimistas. Detrás de esta diferencia hay una realidad clave: el acceso desigual a oportunidades de aprendizaje y desarrollo profesional.

En este contexto, el upskilling y el reskilling se convierten en herramientas estratégicas. No solo mejoran la empleabilidad, sino que reducen la ansiedad frente al cambio y refuerzan la sensación de control sobre el propio futuro. La formación continua contribuye, así, a reconstruir la confianza en las organizaciones y en el sistema productivo.

Liderar en un entorno de diferencia

La insularidad tiene un impacto directo en la productividad. El Barómetro revela que las diferencias no gestionadas reducen la colaboración y la apertura a la innovación. Muchos empleados admiten que se implicarían menos si su responsable tuviera valores muy distintos.

Ante este escenario, el informe introduce el concepto de intermediación de la confianza (trust brokering): la capacidad de crear puentes entre perspectivas distintas, sin intentar eliminarlas. Las personas no esperan que los líderes “tomen partido”, sino que fomenten la cooperación y el diálogo para encontrar soluciones.

El papel de las escuelas de negocios

Aquí es donde las escuelas de negocios como EADA desempeñan un papel clave. Formar líderes hoy implica mucho más que enseñar estrategia o finanzas. Requiere desarrollar capacidades para gestionar la complejidad, la diversidad y la polarización con responsabilidad.

El modelo de liderazgo responsable y con impacto que impulsa EADA responde directamente a los retos que plantea el Edelman Trust Barometer: integra ética, propósito y sostenibilidad; fortalece competencias relacionales; y promueve el aprendizaje continuo como palanca de adaptación y cohesión.

En una era marcada por la insularidad, la educación directiva se convierte en una infraestructura esencial de confianza. No solo prepara mejores profesionales, sino que contribuye a crear organizaciones capaces de generar valor económico y social en un entorno cada vez más fragmentado.